Un Donzy 65 contra una tempestad (Tercera parte)

Alrededor de las 10 de la noche, la segunda ola devastadora arremetió en contra de Oasis. Vino de un costado y rompió los ventanales a estribor del salón. “De repente todo el mundo en el salón subió al puente de mando. Estaban listos para abandonar el barco”, cuenta Holekamp. Mike Thomas tenía una fea cortada en su brazo. La ola había dejado un metro de agua en el salón y al llegar al panel eléctrico “parecía que estuviésemos en Star Wars. Sentíamos corriente eléctrica hasta las rodillas”, recuerda Neibling.

Un Hércules C-130 se mantuvo girando sobre Oasis a unos 1.200 metros toda la noche. No podía ayudar.

Un Hércules C-130 se mantuvo girando sobre Oasis a unos 1.200 metros toda la noche. No podía ayudar.

Rick Macklin rezaba en el sofá cuando los ventanales saltaron. Pensó que el Boston Whaler perdido en la tempestad, había irrumpido por la pared de estribor. “Creí que nos hundíamos” dice Macklin. La ola acabó con la puerta del salón, irrumpió en el cockpit y descendió a la sala de máquinas en donde Eckberg y Halford trataban de conectar los motores de bombeo directamente con las baterías. El generador y el sistema de 12 voltios estaban muertos pero el sistema de 24 voltios permitía que el radar siguiera operando. “Tuvimos suerte”, comenta Holekamp, “sin el radar nunca hubiéramos encontrado la isla o la hubiéramos encontrado cuando no lo queríamos…”

El barco se zarandeaba con tal violencia que en un pase del radar, la isla cambiaba 90 grados de posición en la pantalla. Para ver la pantalla de radar, Rick Macklin tenía que colocarse detrás de la consola de mando y ver directamente hacia arriba mientras Holekamp mantenía el rumbo y Ed Ragone, el cuarto invitado se mantenía alerta para anunciar la llegada de olas que rompían sobre el barco. Finalmente llegaron a la isla a las 3 a.m.

Desde el aire no podían ayudar

La señal de emergencia Mayday había sido enviada por un single side-band doce horas antes y un Hércules C-130 fue enviado desde Sacramento a unos 3.500 kilómetros. Se mantuvo girando sobre Oasis a unos 1.200 metros toda la noche. No podía ayudar. Durante la madrugada del 6 de julio Oasis se ubicó a sotavento de San Benedicto. La tempestad había amainado y un carguero de 150 metros, el Chiquita Roma, fue persuadido por la Guardia Costera de venir al rescate desde Cabo San Lucas. Cuando llegó al mediodía, Oasis tuvo que alejarse de la costa y sus siete pasajeros abordaron el carguero en un mar con olas de tres metros, trepando por escaleras de mecate mientras el Oasis chocaba una y otra vez con el casco de Chiquita Roma. Habían transcurrido 30 horas de angustia máxima.

Un carguero similar a este, finalmente rescataría a los tripulantes

Un carguero similar a este, finalmente rescataría a los tripulantes

El héroe fue el barco. Sobrevivió a mares de más de 12 metros y vientos muy por encima de 160 km/h con un solo motor funcionando. El huracán Darby fue la prueba máxima. Esas condiciones casi nunca se encuentran en toda una vida dedicada a la navegación. En la práctica Oasis no sufrió daños mayores. No presentó grietas en el casco y los motores y los generadores se mantuvieron en su lugar. Las bombas se desempeñaron bien.

La embarcación había triunfado pero al final perdió. Con dolor Holekamp decidió dejar que se hundiera. Perdió su barco pero considera que ya llenó su cupo de mala suerte. El mar azul lo invita y ha vuelto a zarpar. En otro Donzi 65.

Por John Clemans. Traducción y edición: Mundo Náutico

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