El placer de la velocidad

La alta velocidad acostumbra ser asociada a los automóviles y no tanto a los barcos, ya que navegar presupone un medio de transporte generalmente escogido por quien realiza el viaje sin mucha prisa en llegar a su destino. Pero, obviamente, no todo el mundo tiene ese tipo de placer, así como no todos los barcos son lentos. Por el contrario, algunos son muy veloces. Y para quien le gusta correr, el placer de la velocidad puede estar tanto en un carro deportivo como en una lancha veloz. Casi siempre en ambos.

Por Darío González

Acelerar y sentir la adrenalina corriendo por las venas con la misma intensidad que el agua pasando por debajo del casco del barco es, para muchos, un placer más al navegar. A veces el mayor de todos. Se une a esto el hecho de que en el agua, la “pista” donde un barco se mueve es mucho más inestable de lo que cualquier asfalto podría ser y el desafío de navegar se vuelve aún más excitante.

Foto: Carlos German Balza Casado

Foto: Carlos German Balza Casado

Nadie sabe muy bien por qué el ser humano venera la velocidad. Desde los tiempos de las cavernas, el hombre busca la forma de ser más rápido en todo lo que hace. Sobre todo en sus desplazamientos, sea por necesidad o por simple placer. Porque al final, correr ofrece una dosis extra de emoción. En los barcos no es ni siquiera un poco diferente, muy por el contrario, el mercado ya ofrece barcos producidos en serie con excelentes desempeños.

El problema es que navegar con velocidad guarda algunos riesgos y, por eso mismo, requieren atención, hasta porque la sensación de velocidad en el agua es dos veces más intensa que en el asfalto, con el agravante de que los barcos no poseen frenos. Lo que hace a un barco disminuir su velocidad es la fricción del casco con el agua, ya que usar los motores para invertir la rotación de las hélices solo puede realizarse cuando el barco ya estuviera casi deteniéndose. Utilizando la reversión de los motores, las lanchas con propulsión de eje y pié de gallina, que paran más rápidamente, recorren el equivalente a la mitad de la longitud del propio casco.

Otros barcos y veleros en general pueden demorar tres veces más tiempo hasta parar totalmente. Sin contar que, cualquiera que sea la embarcación, la distancia para detenerse en aguas agitadas es un 50% mayor, por causa del movimiento de sus propias ondas. Como se ve, en un barco antes de empezar a acelerar es necesario probar cuándo y cómo pararlo.

Cuando no se debe correr

Cuando no se debe correr

Muchos gastan pequeñas fortunas para ser un poco más rápidos con sus barcos. Dependiendo del casco, un simple nudo a más velocidad puede costar el precio de otro barco nuevo. Un kit Supercharger, que duplique la potencia del motor de un jet ski no cuesta menos que un jet original básico. En una lancha de paseo de 22 pies, el cambio de hélice por otra más rápido cuesta aproximadamente un 3 % del precio del barco.

Foto: Maritimo A60e

Foto: Maritimo A60e

Unos simples nudos de más, puede costar bastante dinero para el bolsillo. En compensación, el placer que eso trae, para mucha gente, no tiene precio.

¿Por qué los barcos usan nudos y no km/h?

El tamaño de un barco es medido en pies, pero su longitud es siempre en metros ¿Curioso? sin duda.

Pero mucho más extraño es el hecho de que en el agua, la velocidad de un barco no es medida en kilómetros por hora, como estamos acostumbrados con los automóviles, y sí en nudos o millas por hora, que sin embargo no son la misma cosa. O pueden ser, dependiendo del tipo de milla utilizada. ¿Complicado? Pues sí.

Ocurre que hay dos millas diferentes: la terrestre y la náutica, y cada una con un valor propio en relación, por ejemplo, a los tradicionales kilómetros que conocemos tan bien. Una milla terrestre por hora, cuya abreviatura es “mph”, corresponde a 1,609 km/h. Y una milla náutica por hora vale cerca de 15% más que eso, ó 1,852 km/h, y su abreviatura es “nudo”. Eso mismo: el mismo “nudo” que también es usado para designar las velocidades en el agua. Entonces, nudo y milla náutica son la misma cosa, por lo tanto, fácil ¿cierto?, ni tanto.

El problema es que cuando una velocidad es dada en “millas por hora”, o “mph”, no es la milla náutica la que está siendo usada y sí la milla terrestre, aunque el asunto sea agua. Y queda aún peor cuando se sabe que, aunque los velocímetros de las lanchas muestran las velocidades en millas terrestres, todas las indicaciones de distancias en los mapas náuticos son en millas náuticas, por lo tanto son mayores que las terrestres.

Con eso un piloto inadvertido puede hasta calcular mal una distancia de un paseo y, en función del mayor consumo, acabar sin combustible en el medio del agua.

Foto:bobsharplesphotography.co.uk

Foto:bobsharplesphotography.co.uk

Además de eso, hay una célebre confusión de los sistemas, ya que no existe un patrón: a veces la velocidad de un barco es dada en millas por hora, y a veces en nudos – expresión que por indicios te remonta a los tiempos de las carabelas, cuando para medir la velocidad de las naves se contabilizaba el tiempo que un pedazo de madera lanzada en la proa tardaba en atravesarla hasta la popa, a través de los “nudos” de una cuerda-. Por lo tanto, al saber la velocidad de un barco, es preciso preguntar en cuál sistema, porque 20 mph no son 20 nudos, y sí apenas un poco más de 17 nudos, lo que hace una gran diferencia.

Todo eso, sin embargo, sería más fácil si, en vez de copiar patrones extranjeros, usáramos el bueno y viejo kilómetro por hora. Hasta porque, si los norteamericanos usan millas por hora en sus barcos es por la simple razón de que este es el sistema que usan también en sus automóviles.

Resumiendo……

…Un nudo es igual a 1,151 milla terrestre por hora (mph)

…que a su vez, equivale a 1,852 km/h

…que es lo que corresponde a una milla náutica por hora

…cuya sigla es la propia palabra “nudo”

…que, por lo tanto, es la misma cosa que milla náutica.

¿Entendió?

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